Amelia Earhart: La primera mujer que cruzó los cielos (y los límites de la sociedad)


 

    Amelia Earhart es un ícono trascendental de la aviación como la conocemos y del empoderamiento femenino, tuvo una carrera excepcional y brillante. Considero que muchísimo de lo que expresó en sus discursos sigue teniendo vigencia hoy en día y que la magnitud de su valor es incomparable. Por ello, ella es el ícono STEM del que quiero escribirles hoy.

    Amelia Mary Earhart nació el 24 de julio de 1897 en Atchison, Kansas, Estados Unidos. Decir que la aviación fue su mayor interés desde muy joven no es del todo cierto, de acuerdo con lo publicado en la biografía de su página oficial, la primera vez que la pequeña Amelia de 10 años vió un avión pensó, y cito: “Era una cosa de alambre oxidado y madera, y no parecía nada interesante”. No fue hasta diciembre de 1920 cuando el piloto Frank Hawks la llevó en un paseo que su vida cambió, había conseguido el norte de su existencia.   

    Amelia desafió el comportamiento femenino de la época, y por supuesto, no estuvo exenta de la desaprobación de la sociedad ni de la duda de los demás. Un dato importante que quiero mencionar y que aparece reflejado en su biografía oficial: ella guardaba un álbum de recortes de periódicos sobre mujeres exitosas en campos predominantemente masculinos, como la dirección y producción cinematográfica, el derecho, la publicidad, la administración y la ingeniería mecánica.

    En abril de 1928, le ofrecieron ser la primera mujer en volar el Atlántico, a lo que ella aceptó inmediatamente. Se unió al piloto Wilmer “Bill” Stultz y al copiloto/mecánico Louis E. “Slim” Gordon. Partieron desde Trepassey Harbor, Newfoundland, en una aeronave Fokker F7 llamada “Friendship” (“Amistad”), un 17 de junio de 1928.

    Este fue un logro muy importante en todo el mundo ya que anteriormente 3 pilotos mujeres fallecieron intentado ser las primeras en volar a través del Atlántico, y… ¡Amelia había sobrevivido a esta peligrosa aventura! Cuando la tripulación regresó a los Estados Unidos, fueron recibidos con mucho clamor y alegría y tuvieron una recepción organizada por el Presidente Calvin Coolidge en la Casa Blanca.

    Desde entonces su vida giraba en torno a la aviación. Un tiempo después, en 1931, se casó con George Putnam con quien tenía una amistad anteriormente (a raíz de su preparación para el vuelo que acabo de mencionar en el párrafo anterior).

    Ambos trabajaron secretamente por cinco años en la planificación de un nuevo logro: Hacer de Amelia la primera mujer y la segunda persona en volar sola el Atlántico. Y así fue, el 20 de mayo de 1932 despegó desde Harbor Grace, Newfoundland hasta París, Francia; sin embargo las condiciones no fueron favorables y los problemas técnicos y mecánicos se fueron presentando a lo largo del vuelo, por eso tuvo que aterrizar forzosamente en Irlanda. El presidente Herbert Hoover le entregó a Earhart una medalla de oro de la National Geographic Society y el Congreso le concedió la Cruz de Vuelo Distinguido, la primera otorgada a una mujer.

 

Posterior a esto Amelia siguió consiguiendo nuevos logros y demostrando lo brillante que era. Sin embargo, quiero escribirles acerca de tres en particular.

1.- En 1929, fue elegida miembro oficial de la Asociación Aeronáutica Nacional y promovió que la Federation Aeronautique Internationale (FAI) estableciera récords mundiales separados de altitud, velocidad y resistencia para mujeres.


2.- En 1932: fue elegida presidenta de The Ninety Nines (The 99s), un club de aviación femenino que ella misma ayudó a fundar. Este aún sigue en pleno funcionamiento y cumpliendo con el legado de Amelia. Se encarga de ofrecer mentorías, oportunidades de establecer contactos y becas de vuelo a mujeres pilotos, tanto profesionales como aficionadas.


3.- En 1937, Amelia decidió que para su cumpleaños #40 debía conseguir algo monumental, un desafío inigualable que quedaría escrito en la historia como hoy la conocemos: Quería ser la primera mujer en volar alrededor del mundo. A pesar de un intento fallido, finalmente el 1ero de junio, Amelia y su navegante, Fred Noonan, salieron desde Miami y emprendieron el largo viaje de 47.000 kilómetros. Luego de dos aterrizajes en Lae, Nueva Guinea y el segundo en la isla Howland. El 2 de julio, a las 10 a. m. hora local, cero horas de Greenwich, despegaron. Las radiocomunicaciones fallaron, lo que dificultó tremendamente la comunicación. El último mensaje que se recibió de Amelia fue a las 8:45 am, donde informó: “Estamos volando de norte a sur”. Esto fue lo último que se supo de ella.


    Un dato importante que quiero compartir es que Amelia pasó por Venezuela a principios de junio de ese año, aterrizó en el aeródromo de Caripito, Monagas, el cual fue construido por la Standard Oil. Realizó esta escala en su vuelo alrededor del mundo para recargar combustible y descansar antes de continuar su viaje.

    Question of the day… ¿Consideraría a Amelia Earhart una activista STEM? ¡Por supuesto que sí! Este término no existía en aquel entonces; sin embargo, ella trabajó arduamente para crear una comunidad y para impartir su conocimiento a otras mujeres. Ella fue fiel a su creencia de que la técnica no tiene género, y que nuestros logros deben medirse por nuestras habilidades solamente.

Una de sus frases célebres con la que más me identifico es esta:

“No kind action ever stops with itself. One kind action leads to another. Good example is followed. A single act of kindness throws out roots in all directions, and the roots spring up and make new trees. The greatest work that kindness does to others is that it makes them kind themselves.”

 

En español:

“Las acciones bondadosas nunca se quedan en sí mismas. Una acción bondadosa lleva a otra. Los buenos ejemplos se siguen. Un solo acto de bondad echa raíces en todas direcciones, y las raíces brotan y dan lugar a nuevos árboles. Lo mejor que la bondad hace por los demás es que los convierte en personas bondadosas”.

 

¡Nos estamos leyendo!


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